En un partido de balonmano de élite suelen marcarse entre cincuenta y sesenta goles. Esa cifra, que en fútbol sería impensable, resume buena parte del atractivo de este deporte. Quien ve su primer encuentro completo lo nota enseguida. Aquí no hay tiempo para aburrirse, porque cada ataque puede terminar en gol y el marcador cambia sin parar.
En España el balonmano tiene una afición fiel y una selección acostumbrada a pelear por medallas, pero sigue siendo un gran desconocido para mucha gente. Estas son las razones por las que suele atrapar a quien le da una oportunidad.
Un ritmo que no da tregua
Un partido dura sesenta minutos, divididos en dos partes de treinta, y el reloj solo se detiene en los tiempos muertos o cuando los árbitros lo indican. El juego apenas se detiene, los equipos cambian de ataque a defensa en segundos y los contraataques pueden resolver una jugada antes de que el rival tenga tiempo de reorganizarse. Para el espectador, eso significa emoción continua.
Esa abundancia de goles y de alternativas en el marcador explica también por qué el balonmano ha ganado presencia en el entretenimiento ligado al deporte. Con tantos goles en cada partido, hay aficionados que siguen el encuentro pendientes del total de goles o de la diferencia final, y quien se anima a pronosticarlos suele consultar antes una comparativa de las mejores casas de apuestas españolas, las que tienen licencia en el país y abren mercados de balonmano. Como en cualquier pasatiempo de este tipo, es algo solo para adultos y tiene sentido fijar de antemano cuánto se quiere gastar.
Pero lo que de verdad engancha es lo que pasa en la pista. Un equipo puede ir cuatro goles abajo a falta de cinco minutos y darle la vuelta al partido, algo que en balonmano ocurre con más frecuencia de lo que parece.
Contacto, táctica y velocidad en la misma jugada
El balonmano es un deporte de contacto. Los defensores pueden frenar al atacante con el cuerpo, y la lucha entre los pivotes y los centrales de la defensa es una pequeña batalla dentro de cada ataque. Pero no todo es fuerza. Los equipos trabajan sistemas tácticos muy elaborados, con bloqueos, cruces y movimientos sin balón que buscan abrir un hueco en la defensa rival.
A eso se suma la velocidad. Los extremos corren el campo entero en pocos segundos y los lanzadores de primera línea disparan desde nueve metros a una velocidad que obliga al portero a reaccionar casi por instinto. Ver de cerca un lanzamiento potente es una de esas experiencias que convencen a cualquiera de que esto no es un deporte menor.
Los porteros, protagonistas inesperados
Si hay una figura que sorprende a los recién llegados es la del portero. En un deporte con tantos goles, un guardameta en racha puede decidir un partido él solo. Las paradas a lanzamientos de siete metros, el equivalente al penalti, se celebran en las gradas como si fueran goles.
Los porteros de balonmano combinan reflejos, lectura del lanzador y una valentía notable, porque reciben balonazos a muy corta distancia durante todo el encuentro. Muchos aficionados acaban fijándose más en el duelo entre lanzador y portero que en cualquier otra cosa.
Reglas fáciles de entender
Otro punto a favor es que lo básico se aprende enseguida. Cada equipo tiene siete jugadores en pista, uno de ellos portero. Nadie salvo el guardameta puede pisar el área de seis metros, y el balón se mueve con las manos, botándolo o pasándolo. Las faltas graves se castigan con exclusiones de dos minutos, que dejan al equipo en inferioridad y suelen cambiar el rumbo del partido.
Existe además una regla curiosa, el juego pasivo. Si un equipo retiene el balón sin intención clara de atacar, los árbitros levantan el brazo como aviso y, a partir de ahí, el ataque tiene un número limitado de pases para lanzar. Esta norma evita que los equipos congelen el partido y mantiene el ritmo alto hasta el final.
Una selección que acostumbra a ganar
En España, buena parte de la afición se ha construido alrededor de los Hispanos, el apodo de la selección masculina. El equipo nacional ganó los Mundiales de 2005 y 2013 y los Europeos de 2018 y 2020, y ha subido al podio en los Juegos Olímpicos en varias ocasiones, la más reciente con el bronce en París 2024. Esos éxitos han llevado el balonmano a la televisión en abierto y han acercado el deporte a un público que antes no lo seguía.
La selección femenina, conocida como las Guerreras, también ha firmado grandes resultados internacionales y ha contribuido a que cada vez más niñas se acerquen a los clubes de base.
La liga y los clubes de siempre
La Liga Asobal reúne a los mejores equipos masculinos del país. El Barça ha dominado la competición durante la última década con una superioridad aplastante, pero detrás hay clubes con una historia enorme y aficiones muy fieles en ciudades como Granollers, Logroño, Cuenca o Huesca. Ir a uno de sus pabellones es una de las mejores formas de descubrir el deporte, con entradas asequibles y un ambiente muy cercano.
Muchos de esos clubes mantienen también una cantera muy activa, de la que han salido jugadores que después triunfaron en Europa. Esa conexión con el territorio es una de las grandes fortalezas del balonmano español.
Un deporte para descubrir en directo
La televisión ayuda a conocer el balonmano, pero la experiencia en el pabellón es otra cosa. El ruido de la grada, la cercanía de la pista y la sensación de que cada ataque cuenta convierten un partido en un buen plan de fin de semana. Basta con mirar el calendario de la Liga Asobal y elegir el pabellón más cercano para comprobarlo.